Categoría: Moderna

  • La fortaleza de La Ciutadella

    En el siglo XVI la corona española era una de las grandes potencias mundiales y se hallaba rodeada de enemigos por todos lados, entre los cuales cabe destacar la corona francesa y los piratas berberiscos que tenían sus bases en las costas del norte de África. En el año 1535 el rey Carlos I (1500-1558) pasó por Roses y, consciente de su importancia estratégica, unos años más tarde (1543) encargó la construcción de un conjunto de defensas destinadas a proteger la bahía. Esta defensa contemplaba la construcción de un grupo de torres de vigilancia para controlar la costa, pero los dos elementos principales eran la construcción de un pequeño castillo (el castillo de la Trinitat) en la zona norte, y una gran fortaleza alrededor de la villa que, conjuntamente, debían cerrar y defender la bahía. El objetivo principal de la fortaleza —tradicionalmente conocida como la Ciutadella o «las murallas» por los vecinos de Roses— era la defensa del puerto. La defensa se completaba con la fortificación de las islas Medas.

    Dibujo de la bahía de Roses realizado a principios del siglo XVI, en el que se muestran los principales elementos defensivos que debían fortificarse. Incluye la Torre de la Trinidad, la villa de Roses y las islas Medes.
    Fuente: Biblioteca Virtual Defensa.

    Las obras de la Ciutadella sufrieron diferentes problemas y el proyecto fue objeto de diferentes modificaciones. El primer proyecto, realizado por el ingeniero militar y capitán general de artillería Luis Pizaño (c. 1480-1550) fue rechazado, ya que su diseño no era práctico. Después, la falta de financiación — ya que en esos momentos el dinero se estaba invirtiendo en la construcción del castillo de la Trinitat— lo llevó a diseñar un segundo proyecto mucho más modesto. Este consistía, básicamente, en reforzar las murallas de la villa, con el añadido de unos baluartes (grandes plataformas destinadas a la artillería).

    Segundo proyecto de Luis Pizaño, de carácter más modesto, limitado a la construcción de un nuevo circuito de murallas frente a la villa medieval, con plataformas de artillería y un foso.
    Fuente: Biblioteca Virtual Defensa.

    A la muerte de Pizaño y solucionados los problemas económicos, su sustituto, el también ingeniero Gian Battista Calvi (¿-1580), pudo diseñar y construir una fortaleza con una planta de cinco caras (pentagonal) que, con algunas remodelaciones, es la que podemos visitar en la actualidad.

    Proyecto de Gian Battista Calvi para la fortificación de Roses.
    Fuente: Biblioteca Virtual Defensa.

    La nueva fortaleza planteaba algunos problemas. La estructuración interna en las fortalezas de nueva construcción se solía plantear, habitualmente, con un espacio central (la plaza de armas) a partir del cual se distribuían unas calles, como los radios de una rueda, que tenían que permitir un rápido despliegue de las tropas hacia las murallas y baluartes, conocida como planta radiocéntrica.

    La ciudad de Palmanova reproduce el trazado urbano ideal del Renacimiento, con una disposición interna radial.
    Fuente: Wikimedia Commons.

    Este modelo no se podía aplicar en Roses. La villa ocupaba toda la mitad occidental de la fortaleza, dificultando la circulación de tropas hacia este sector, mientras que la mitad oriental, aparentemente vacía de construcciones, era propiedad del monasterio. Inicialmente este no quería edificios militares en este espacio, porque consideraba que con las nuevas murallas la villa crecería en población y este espacio se acabaría utilizando para nuevas casas y negocios. No fue así, al contrario, Roses perdió parte de su población. Finalmente, a finales del siglo XVI se comenzó a edificar en este sector, con la construcción de dos cuarteles para la infantería (ficha 4), algunos almacenes y, posteriormente, un hospital (ficha 2).

    A pesar de las dificultades, en la disposición de los diferentes edificios que ocupan la zona este de la fortaleza se puede ver un intento de reproducir esta planta radiocéntrica. En el lado oeste se construyeron un conjunto de grandes almacenes apoyados contra las viejas murallas medievales, mientras que, cuando finalmente fue posible construir edificios en el extremo este, estos resiguieron el perímetro marcado por las defensas, dejando siempre un gran espacio central como plaza de armas y espacios vacíos entre los edificios para facilitar el acceso a las murallas. La zona central llegó a disponer, incluso, de una fuente monumental y una avenida con árboles que comunicaba las dos puertas de la fortaleza [el portal de Tierra al norte (ficha 5), hacia el interior, y el portal de Mar, al sur, abierto directamente al puerto (ficha 0)].

    Villa y fortaleza —o, lo que es lo mismo, soldados y población civil— coexistieron durante prácticamente un siglo, en el transcurso del cual la convivencia y el desarrollo de las actividades no debía ser fácil, ya que las necesidades de unos y otros eran distintas. De hecho, la documentación nos habla de la existencia de conflictos entre las autoridades civiles y militares. Así, el 1599, los cónsules de Roses (equivalentes a los responsables del ayuntamiento de la época) se quejaron al rey Felipe II (1527-1598), entre otras cuestiones, de tener que alojar a las tropas en sus casas, y que las obras de la fortaleza habían provocado un despoblamiento de la villa.

    En el año 1645 la fortaleza fue asediada y ocupada por las tropas francesas en el marco de la guerra de los Segadores. La ocupación francesa se prolongó quince años y marcó un antes y un después en la historia de Roses. La villa fue abandonada durante el asedio y después se creó un nuevo núcleo urbano al noreste, fuera de la fortaleza, alrededor de la riera de Ginjolers, que constituiría el germen de la actual población.

    Se inicia entonces la militarización definitiva del espacio. La mayoría de las casas y otros edificios son abandonados y sus muros desmontados de forma rápida y contundente para aprovechar los materiales en las nuevas obras o en las defensas. Solo algunos de los inmuebles son reaprovechados y readaptados para cubrir las necesidades de las tropas. Algo similar sucede con las calles. La mayoría, especialmente las dispuestas de este a oeste, son abandonadas y, de hecho, en algunas partes se cubren con nuevos edificios. Por contra, las últimas excavaciones han demostrado que las calles del lado este (Major y Nou), orientadas de norte a sur, siguieron en uso prácticamente hasta el momento final de existencia de la fortaleza.

    Restitución de la Ciudadela a finales del siglo XVII.
    Fuente: J. Sagrera.

    En lo referente a las viejas murallas, una parte —el sector oeste y parte del tramo norte— quedaron integradas en los taludes de las nuevas defensas (una parte aún es visible en el lado oeste de la fortaleza [ficha 20]). Del resto, se conservaron en pie aquellos tramos que se aprovecharon como parte de nuevos edificios, mientras que otros acabaron, como las casas, derribados y expoliados.

    En la zona de la villa, la nueva configuración se organizaba esencialmente a partir de dos núcleos. Por un lado, unos grandes jardines que se construyeron en el ángulo noroeste (ficha 21). A su alrededor se dispusieron un conjunto de construcciones, especialmente en el lado este, donde entre los jardines y la calle Major se construyó un largo edificio con funciones diversas (ficha 12), que iban desde el alojamiento de parte de la oficialidad hasta estructuras productivas, como, por ejemplo, un molino harinero (ficha 12). El otro núcleo se organizaba a partir de la casa del gobernador, un gran edificio que ocupaba la zona sur (ficha 10 y 18).

    Roses fue protagonista de muchos de los conflictos militares que entre los siglos XVII y XIX enfrentaron a la corona española con la francesa. La fortaleza fue atacada muchas veces y cambió de manos en diferentes ocasiones. La última fue la ocupación por parte de las tropas francesas en época napoleónica (1808-1814). Cuando las tropas francesas se retiraron destruyeron buena parte de las defensas, especialmente los baluartes, y la fortaleza permaneció, desde entonces, prácticamente abandonada.

    En el siglo XX se redactaron diferentes proyectos que tenían como objetivo crear una urbanización en el solar de la Ciutadella. Con este objetivo se derribó parte de la muralla sur y este, así como el baluarte de Santa María (situado en el ángulo sureste), hasta que, en el año 1961, el monumento fue declarado Bien de Interés Nacional y protegido de cualquier especulación o destrucción.

    Proyecto de urbanización de la zona de la Ciudadela (1919).
    Fuente: Arxiu Municipal Roses.
    La guarnición militar

    Las excavaciones arqueológicas han permitido recuperar muchos elementos pertenecientes a las tropas que se alojaron en la Ciutadella a lo largo del tiempo. Desde elementos de los uniformes, como botones, donde a menudo constaba el nombre del regimiento, hasta las armas o municiones. Algunas de las piezas mejor conservadas se pueden ver en la sala de exposiciones de la Ciutadella.

    Fuente: R. Costal.

    Para saber más

    Bouzas, M., y Palahí, Ll. (2024). La circulación monetaria en época moderna en un espacio militarizado. El caso de la Ciutadella de Roses. Archeologia Post‑Medievale, 28, 327–361.

    Burch, J., y Palahí, Ll. (cur.) (2020). La Ciutadella com a espai urbà. Guies del Patrimoni Cultural de Roses, 3.

    Burch, J., y Palahí, Ll. (cur.) (2021). La Ciutadella com a espai militar. Les defenses. Guies del Patrimoni Cultural de Roses, 4. Girona: Documenta Universitaria. https://www.documentauniversitaria.media/omp/index.php/crapa/catalog/series/guies

    De la Fuente, P. (1998). Les fortificacions reials del golf de Roses en l’època moderna. Papers de Recerca, 3. Roses.