Categoría: Romana y tardoantigua

  • Roses en época romana y tardoantigua (siglos II d. n. e. – VI d. n. e.)

    Alrededor del año 195 a. n. e. la colonia griega de Rhode fue abandonada. Los trabajos arqueológicos parecen indicar que la zona costera quedó abandonada u ocupada por una población muy dispersa y reducida. En cambio, los restos de barcos hundidos en el Cabo de Creus y los materiales hallados en la zona de la bahía dejan claro que las playas de Roses continuaban usándose como fondeadero para los barcos que seguían transitando por las rutas comerciales del Mediterráneo occidental.

    Los hallazgos romanos y de la Antigüedad tardía se distribuyen por toda la ciudadela: edificios industriales romanos (A, B), iglesia funeraria (C), cementerio (D, E) y asentamiento visigodo (siglos VI-VII) (E, F).
    Fuente: CRAPA.

    Los datos aportados por la arqueología permiten establecer que fue a partir del siglo II d. n. e., es decir unos cuatrocientos años después del abandono de la colonia griega, cuando se construyó un nuevo asentamiento de una cierta envergadura en la zona de la playa. Muy probablemente se construyó un vicus romano, que podríamos equiparar con un pequeño pueblo de hoy en día, y del cual actualmente conocemos solo tres edificios. De uno de los edificios prácticamente solo conocemos algunos muros, mientras que los otros dos son claramente construcciones con funciones industriales y comerciales. Todos están construidos sobre la playa (A, B de la figura 1) y uno disponía en el siglo II de unos pequeños baños públicos (termas) (A). Las termas son un tipo de edificio que se encuentra habitualmente en todas las poblaciones romanas y que resultaban especialmente relevantes en los barrios portuarios, ya que permitían a los marineros y viajeros limpiarse y relajarse. El ingeniero responsable de la construcción de la fortaleza de la Ciutadella (s. XVI), Gian Battista Calvi, relata cómo, al construir los cimientos de uno de los baluartes (el de San Jaime), encontró un conjunto de muros y mosaicos, que  interpretó como partes de otro conjunto termal.

    Este pequeño hábitat, muy relacionado siempre con el mar a través de la pesca y el comercio, fue creciendo progresivamente. Los trabajos arqueológicos han permitido determinar cómo en el siglo IV el viejo edificio de baños (A) es transformado en una factoría de salazones (ficha 1) y al mismo tiempo se construye otra en el edificio situado al oeste (B). Se trata de industrias dedicadas al procesamiento del pescado para fabricar conservas y salsas.

    Ubicación de los restos de la iglesia funeraria y parte de la necrópolis situada a su alrededor. Fuente: CRAPA.

    Los trabajos arqueológicos han permitido recuperar miles de fragmentos de envases cerámicos (ánfora) y piezas de vajilla procedentes de todo el Mediterráneo, desde el sur de la península ibérica y el norte de África hasta la zona griega y el Oriente Próximo. También se han recuperado más de mil monedas de época romana. Todos estos elementos nos hablan de la importancia comercial del establecimiento de Roses en época romana y su inserción dentro de alguna de las rutas comerciales más importantes del Mediterráneo.

    A los edificios industriales localizados, hay que añadir otra construcción de gran relevancia. En la parte alta de la colina (bajo el monasterio de Santa María) se conservan los restos de una pequeña iglesia funeraria (cella memoriae), construida probablemente en el siglo IV (C).

    Sector norte del claustro, con un enterramiento en ánfora (1) y un sarcófago (2) de la Antigüedad tardía. En el centro, un pilar (3) que habría formado parte del complejo de la iglesia funeraria
    Fuente: CRAPA.

    Las excavaciones arqueológicas realizadas a mediados del siglo XX permitieron identificar la cabecera y parte de la nave (situadas bajo el ábside sur de la actual iglesia). Otros trabajos realizados en los últimos años han permitido constatar cómo este edificio forma parte de un complejo funerario mucho más extenso que ocupa casi la totalidad de la superficie del actual monasterio.

    A su alrededor se sitúa un gran cementerio que se extiende por la vertiente oriental de la colina, toda la zona este de la actual fortaleza (D) y continúa, incluso, más allá.

    Las excavaciones han permitido localizar más de cien tumbas de todo tipo, desde grandes sarcófagos de piedra a simples fosas excavadas en el suelo, pasando por tumbas en forma de caja con paredes de piedra o losas (cistas) y enterramientos dentro de ánforas. Las casualidades históricas han permitido que, a partir de una inscripción funeraria, sea posible conocer el nombre de uno de estos antiguos habitantes de Roses: se trata de un niño que se llamaba Maximus y que murió con solo un año y seis meses de edad.

    Hasta hace poco se creía que después de estos momentos prósperos de los siglos V y VI, el vicus de Roses se había abandonado completamente. Las excavaciones arqueológicas realizadas en los últimos años nos han demostrado que, al menos en los siglos VI-VII, aún vivía gente en la zona, si bien de una forma diferente. La caída del imperio romano y la llegada de los visigodos comportó cambios en la forma de vivir y organizarse la sociedad. Los viejos edificios con muros de piedra y mortero son abandonados y destruidos, algunos después de un incendio que no sabemos si responde a algún hecho violento o accidental. Se construyó una nueva población con edificios más modestos, con muros de piedra ligados con arcilla y que vamos conociendo cada vez mejor.

    Conjunto de enterramientos situados en la zona este del monasterio.
    Fuente: MAC-Girona.

    Algunas de las nuevas edificaciones se construyeron sobre los restos de los viejos edificios industriales (A.B), pero se extienden también por las vertientes de la colina (E) y la zona baja, la actual plaza de armas (F). Lo que sí continuó en uso fueron la iglesia y el cementerio, que incluso creció en extensión, llegando de forma puntual hasta la vertiente oeste de la colina. Los hallazgos de piezas cerámicas de fuera del territorio muestran como el comercio con zonas de todo el Mediterráneo continuaba, si bien con menor intensidad y de forma mucho más limitada.

    Inscripción funeraria dedicada al niño Maximus, datada en el siglo VI.
    Fuente: MAC-Girona.
    Restos de edificios de época visigoda (siglos VI-VII) localizados en la plaza de armas.
    Fuente: Manel Casanovas, MAC-Girona.

    Los enterramientos en ánfora

    Una de las peculiaridades de los cementerios de época romana, especialmente a partir del siglo III, es el entierro en ánforas. Se seccionaba por la parte superior o la base, se depositaba el cadáver en el interior y se volvía a cerrar, como si fuese un pequeño ataúd. Este tipo de tumba se usaba mucho para niños, pero también podían enterrarse adultos (en estos casos se usaban normalmente dos o más ánforas).

    Casi todas las tumbas en ánfora de Roses son de niños y hay que destacar que la mayoría se han localizado bajo el ala sur del claustro del monasterio, en un espacio que durante un tiempo parece que se reservó para este tipo de entierros.

    Fuente: CRAPA.

    Para saber más

    Bouzas, M., y Palahí, Ll. (2024). Roses de la tardoantiguitat a l’època medieval. Dins M. Bouzas i Ll. Palahí (cur.) De la tardoantiguitat a l’alta edat mitjana: una visió arqueològica, MonCRAPA, 1, p. 199–212). Girona: Documenta Universitaria. https://www.documentauniversitaria.media/omp/index.php/crapa/catalog/book/moncrapa-1

    Bouzas, M., Casas, J., y Nolla, J. M. (2025). Les àmfores de la Ciutadella de Roses (Alt Imperi, Baix Imperi i Antiguitat Tardana). MonCRAPA, 2. Girona: Documenta Universitaria. https://www.documentauniversitaria.media/omp/index.php/crapa/catalog/book/348

    Pujol, M., y Carreras, C. (2002). L’ancoratge i el port de Rhode (Roses, Alt Empordà). Empúries, 53, 131–154. https://raco.cat/index.php/Empuries/article/view/95651/298051