Una vez definidas las diferentes manzanas de la villa, se dibujaron una serie de parcelas teóricas, alargadas, que normalmente iban de calle a calle. El espacio se compartimentaba a partir de largos muros que dejaban un espacio interior de entre 4 y 5 metros de ancho (crujías). Esta era la anchura que se podía cubrir con vigas de madera, sin necesidad de disponer pilares centrales. Esto no significaba que cada casa ocupara una de estas parcelas. Algunas, mayores, eran el resultado de unir diferentes crujías, mientras que otras solo ocupaban una parte.
Normalmente el modelo básico de la casa se dividía en dos partes. Delante estaba el taller o la tienda, y en el piso superior se situarían las habitaciones de la familia. Detrás había un espacio descubierto que podía usarse de almacén, huerto o corral. A veces esta parte era vendida a otro propietario que la convertía en una pequeña casa, abierta a la calle posterior.
En la parte baja de la calle Mayor se conservan dos casas de grandes dimensiones que unen hasta tres de estas parcelas. Ambas casas son idénticas, con un vestíbulo estrecho, abierto a la calle Mayor, flanqueado por dos cámaras cuadrangulares. En la parte trasera había un espacio distribuidor y dos largas naves. Sabemos que a mediados del siglo XVI estas casas eran propiedad del mercader Feliu Molera y el notario Pere Montserrat.

Fuente: CRAPA.

Fuente: B. Parès.

Fuente: J. Sagrera.